Pepito no escapó de
ningún cuento vulgar ni banal, aunque quizás tenga alguna veta humorística.
Pepito no es tan indisciplinado ni mal hablado; algo ocurrente sí, hasta
innovador… Pepito, el de este comentario,
no es el de los cuentos, más bien trasciende como paradigma, una alegoría de
personas coetáneas con él.
El papá de Pepito ya
pasó las cinco décadas y, por supuesto, tampoco es coprotagonista de algún
chiste. Ya lo asechan los achaques y la
vida le cobra las andanzas de tantos años. Ha chocado con varios muros e
infinidad de veces tardó en levantarse, ¡pero se levantó!. Hoy mira en derredor
y encuentra paz, cierta paz y algunos beneficios, pero nada para conformarse
después de tanto tiempo de bregar. El papá de Pepito pertenece a una generación
de temores…
Pepito y su papá
discuten constantemente; uno porque quiere lo mejor para su hijo y el otro
porque prefiere aventurarse a chocar, a buscar la experiencia por medios
propios, aunque no tolera moretones tan grandes como los recibidos por su papá.
Y aun cuando en circunstancias puntuales lo disimule, también puede sentirse
atemorizado.