Cuando cavamos hasta llegar al fondo de una
situación y despejamos la mayor cantidad de nebulosas posibles, enseguida nacen
las incomprensiones; incluso, hasta el mal genio de los aludidos bulle como
muestra de la pérdida del sentido común.
Y otra vez percibimos las complicaciones del
trabajo periodístico, pues, al colgar como públicas las grietas de determinados
procedimientos, decisiones… a los responsables se les nubla la vista, y se les
tupen los oídos. No le dan el frente a las equivocaciones. Solo entrenan al
verbo para loar y no para destapar y/o solucionar incongruencias.
Entonces, al llegar el periodista y descubrir
las fisuras, en lugar de rectificar, levantan el muro de la prepotencia, el
mismo muro donde intentan esconder los errores.
