Las buenas intenciones y los exhaustivos planes no bastan. Cuando se trata del hombre y sus necesidades la realidad impone caminos difíciles y la superación deviene meta constante en la cotidianidad.
Así ocurre en Cuba con
el programa de Médicos de la familia, un proyecto creado en los años ochenta
que resultó en sus inicios la mejor de las iniciativas para atenuar los
problemas sanitarios de la población. Hoy, a tres décadas de fundado, las
dificultades e insatisfacciones describen un panorama alejado de los principios
de su surgimiento.
En los últimos
tiempos, la inestabilidad de los galenos, la carencia de utensilios y el
deterioro de los consultorios, provocaron una grieta en este programa que languidece
dentro de los barrios y pueblos.