La encontramos en aquella volanta… Y posó para las fotos sin reparos, sin arreglarse o pedir un creyón. Así, al natural, salió un instante de la rutina diaria dispuesta a enseñarnos un pedazo de su historia.
Parece rusa… Conserva una de esas pieles
donde el sol suele entrar como Pedro por su casa. Y rubia, de las que no
necesitan tinte. Algunas arrugas están de más, no encajan en los 52 años de
Magalys Roche Brito. Pero el paso del tiempo en su vida no ha sido coser y
cantar.
“A los diez años ya iba con mi papá hasta el
campo y lo ayudaba a guataquear o a cualquier cosa que le hiciera falta. Desde
niña ya sabía de los sacrificios de esas labores”.
En su cuerpo afloran las huellas del trabajo,
¡del trabajo duro! Hasta nos enseñó las cicatrices en uno de los codos producida
por el tarro de una vaca en su codo. Y otros tantos golpes que quizás, por
comunes, ella no recuerde o por pudor prefiera olvidar.
“A mí ninguna tarea me cuesta. Por eso no
paso necesidades en esta vida, sé hacer de todo…”
Cuando algunos gallos aún duermen, el reloj de Magalys suena a las cinco de la mañana y no nos parece que remolonee mucho, tal vez duerma con un ojo abierto y otro cerrado, y a cada rato encienda la única emisora que oye: Radio Reloj, para asegurarse de no extender el descanso.
“Cada día voy a ordeñar mis vacas bien
temprano, luego, yo misma, en mi volanta, llevo la leche hasta la bodega y al
termo donde se almacena la de la industria”.
Uno de los mayores giros en su vida fue
cuando se asoció a la
Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Antonio Maceo, en
Santa Isabel de las Lajas, en Cienfuegos, y recibió una caballería en usufructo
mediante el Decreto Ley 259. Entonces vio los cielos abiertos, y los bolsillos
también…
“Ahora es más sacrificio, pero vale la pena.
Soy independiente, gano mi propio dinero. Así me siento más útil… Allí tengo
mis vacas, y siembro yuca de autoconsumo, también cultivo algo de arroz. Mi
esposo y yo trabajamos en el campo, pero ese pedazo es mío, no tengo que
depender de él”.
Los propios baches la llevan a mirar las
relaciones interpersonales desde otro ángulo. Y es que convivir en una
cooperativa donde abundan las mujeres la empapan de los temas relacionados con
la igualdad de géneros y la ayudan a desterrar los estigmas.
“No existe ninguna diferencia entre nosotras
y los hombres. A veces ellos piensan que somos esclavas. Es necesario que las
mujeres se impongan si quieren lograr algo en la vida. Además hemos demostrado
que somos capaces de hacer labores fuertes sin dejar de ser femeninas. Todavía
quedan muchas cosas por hacer en ese tema, pero bueno, vamos aprendiendo con
las experiencias.
Es de
esas mujeres que han podido salir del “Hazme esto, hazme lo otro”… Lleva 30
años junto a su esposo, a quien ama y respeta. Y ha buscado las brechas para
buscar autonomía. “Voy a las actividades de la cooperativa, tengo mis
libertades…”.
Según cuenta, sus hijos quieren que descanse
un poco, para no estropear su salud, pero… “Me siento con mucha fuerza. Mira,
por ejemplo, el otro día cuando llegué a la casa después de una actividad de la CCS , me cambié de ropa y fui a
cortar arroz debajo de la lluvia, después cogí para la casa a buscar mis terneros y vacas y a echarles
comida. Eso es todos los días, a veces, los domingos no tengo ni tiempo de ver
Palmas y Cañas.
“No le tengo miedo ni a la lluvia, ni al mal
tiempo, ni a nada, pero me cuido. Como tengo una piel tan blanca trato siempre
de usar gorra, camisa manga larga y pantalones. Hoy ando en short porque todos
los pantalones están sucios”.
La piel parece desprenderse en esos lugares
donde el sol pudo colarse y cualquier desaliño encuentra justificación en las
tantas horas de trabajo. Mas, los tropiezos no exilian la sonrisa y seguramente
alguien quiera esos ojos verdeazules para una revista, pero pertenecen a ella
como resultado de los rasgos que la acercan a Europa.
No debe saber mucho sobre ese continente, aunque
a lo mejor tuvo algún antepasado por allá. Seguramente las rutinas no la dejan
pensar en esas “musarañas”. Es mejor el campo… Ahora mismo la imaginamos, esta
vez con pantalones, ya saben porqué, recorriendo el Consejo Popular de Balboa
en su volanta, llevando la leche, llevando esto, lo otro, llevando… Ahí está su
esencia. Ese es su avión…
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