Sobre ambas categorías económicas hemos
escuchado con frecuencia en Cuba durante los últimos tiempos, fundamentalmente
a partir de las transformaciones en la Isla y en consonancia con la
proliferación del trabajo por cuenta propia.
Hoy, tales términos echan raíces en
justificaciones y mecanismos aún torcidos; si el valor de los productos toca
los cielos es a causa de tales variables. Y es verdad, esos montos solo bajan
cuando la cantidad y variedad de propuestas disminuyan el protagonismo de las necesidades.
Y mientras el país no logre dicha estabilidad, han de atajarse los abusos al
bolsillo, porque el cartelito de “esto es oferta y demanda” resulta una ofensa
para los ingresos de quienes viven de un salario.
