lunes, 9 de junio de 2014

Si la comida hablara…



  Aunque algunos cubanos prefieran vivir como postales: emperifollados, sin casa… la mayoría graba en la psiquis la misma preocupación, la misma matraquilla diaria que, en la mayoría de los casos, suele mutar en pesadilla: ¡LA COMIDA! 

Entonces, los trajines de estos individuos para llenar el plato —que no significa degustar lo deseado— activaron una especie de alarma entre los alimentos, quienes decidieron convocar a una reunión extraordinaria con vistas a analizar, cuestionar y encarar tales problemas con postura crítica y autocrítica, como lo exigen los tiempos actuales.
  
 Antes de comenzar el encuentro ya surgió el primer inconveniente. El recibimiento a las delegaciones le correspondía a una de las viandas. Por votación unánime decidieron que, teniendo en cuenta el gusto de los comensales, la papa debía fungir como anfitriona en la recepción. Mas, el tubérculo no pudo asistir porque de un tiempo a la fecha afronta dificultades serias, al punto de que cada vez son menos en dicha familia.


En sustitución, les toca al boniato y la malanga asumir el recibimiento protocolar. Sí, ¡protocolar! porque vienen comestibles tan distinguidos como la carne de res, el camarón, la langosta, el cordero y hasta algún descendiente lejano ¡lejanísimo! de aquellos enlatados que nos abandonaron a principios de los ‘90.

  Con aires de superioridad —y sin razón alguna para tal postura— llegaron el picadillo curado, la mortadella de pollo, el queso Atlántico, el paquete de cinco croquetas de 0.60 CUC y otros que han empezado a “creerse cosas” desde que los vistieron con un precio astronómico sin ni siquiera merecerlo.

  La reunión estaba a cargo de la carne de cerdo, porque es la más común, aunque dañina, y anda de boca en boca, también por el mismo tejemaneje de los precios. Ya todos estaban allí a la hora pactada y la susodicha se “incorporó” tarde. Entonces, empezó el cónclave.

  El orden del día incluyó varios puntos. El primero: conocer algunos criterios de los humanos y así tomarle el pulso al estado de opinión: “En esta casa casi todo el dinero se va en comida, y al final tampoco comemos nada del otro mundo”. “Mi sueño es ir por las tiendas con una de esas carretillas y llenarla de comida: latas, paquetes de carne, confituras, aceites, bolsas de leche… así como hacen los extranjeros y algunos cubanos”. “Hay lujos que no puedo darme como ir a una paladar y pedir algo exótico”, “Ya no sé qué hacer para garantizar el plato fuerte…”, dicen algunos asalariados.

  Tal muestra del pensamiento popular devino pie forzado perfecto para el segundo punto del encuentro que llegó a modo de interrogante: ¿realmente constituye el picadillo de soya un plato fuerte? Este tópico se agotó rápido, pues en la sala primó el silencio y algún cuchicheo, no más.

  Ahora bien, al hablar de plato fuerte todos miraron al huevo, quien además de su piel blanca, también lucía un pulóver del mismo tono con una cruz roja al estilo salvavidas. Él conoce que ante cualquier aprieto —bastante frecuentes— debe entrar en acción. Mas, últimamente no anda solo, lo acompañan las salchichas o perros calientes, reconocidos como comida chatarra, pero comida al fin.

  Al dedicar un chance al intercambio de experiencias, los jugos de cajitas y/o cajas, hablaron sobre su contrato con Salud Pública, toda vez que la mayoría de las veces son adquiridos cuando hay algún enfermo, ¡y es lógico! pues no es fácil abonar casi un CUC, o los 25 pesos equivalentes en Moneda Nacional, por una magra cantidad del néctar. 

De esta manera, cuando el humano enfrenta el fenómeno de las compotas, mermeladas y otros dulces de frutas— tentadores y caros—,  se pone a pensar en los sobrecumplimientos y bienaventuranzas de la producción frutícola. “Es preciso revisar el asunto y dar las soluciones correspondientes”, expuso el maíz desde la cúspide de su planta.

  El ambiente suele caldearse al llegar el pan, y con palabra de piedra —será por semejanza a su forma y contenido— esbozó el creciente divorcio con el aceite, mientras sugiere rastrear cierta harina que se le escabulle y termina convertida en pizza. Por su parte, la leche, que trajo al agua consigo, narra las peripecias de su recorrido desde la vaca hasta los consumidores.

  Ante la recurrencia de uno y otro contratiempo, las carnes tienden a bajar la cabeza porque se reconocen entre las principales culpables. Sucede que las producciones del país aún no alcanzan para darles mayor presencia y frecuencia en las neveras.

  Aun cuando el bloqueo norteamericano lacere el desarrollo de la Isla, en la reunión quedó claro que la política de Cuba prioriza el tema de la alimentación, definido como cuestión de seguridad nacional. Mas, solo con vivir estos encuentros, es fácil percibir la ausencia de cambios sólidos a disposición del pueblo. 

Quizás, algunos responsables estén más pendientes de números y cumplimientos, que de la imprescindible cercanía entre la comida y los trabajadores asalariados. No podemos adoptar la postura de la gelatina, quien aparenta ir de un lado a otro, pero en el fondo mantiene una posición neutral.

  La reunión finaliza con la entrega de reconocimientos al huevo y el perro caliente. Para la carne, la misión de contribuir más a la alimentación de los humanos y el tomate debió comprometerse a aparecer con menores precios, con un llamado extensivo para su primo el puré. Los presentes acordaron no reunirse otra vez hasta tener resueltos los problemas. Esperemos que el tiempo no se estire demasiado.





2 comentarios:

  1. Muy bueno tu comentario, ¡si la comida hablara...! El punto es ese, cómo resolver el problema de la alimentación sin morir en el intento.

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