jueves, 17 de abril de 2014

Víctor Mesa no es un manager ganador



Llegó Víctor Mesa a Matanzas para sacar  al equipo de Beisbol de un bache. Y le puso gasolina a dicha selección al punto de situarla entre los primeras del país. Le imprimió espíritu ganador, les brindó otra visión del juego técnico-táctico, y les facilitó o gestionó condiciones —dígase casas, recursos…— con el fin de estimularlos y arraigar el interés y el compromiso.

Pero olvidó VM32 un aspecto fundamental en el ser humano y particularmente en el deportista: el factor psicológico, el de lograr la confianza a partir de dotes pedagógicas. Porque un manager también es un maestro, y Víctor Mesa es de esos profe que tuvimos en la escuela, a quien respetábamos por ser el “nazi”, pero no aprendimos lo suficiente porque estábamos demasiado tensos con su imponencia.


Entonces le faltó ese ingrediente al cocodrilo, el de la humildad y el razonamiento mesurado, el de la ética, el de brindar confianza en lugar de regaños públicos que coartan la moral del atleta. Quizás VM32 le puso demasiada humillación al ajiaco donde cocinaba su equipo.  

Hombre por hombre tienen el mejor conjunto, sobre todo porque ha resultado uno de los pocos afectados con la fuga de atletas a otras ligas. Además, han logrado consolidarlo con atletas de aquí y de allá, con refuerzos bien elegidos que en su mayoría respondieron. Un equipo lleno de excelentes figuras, sobre todo jóvenes, que debieron ganar pero tuvieron la suerte y la desdicha de tocarles Víctor Mesa como Director, quien ha demostrado sus excelentes cualidades para llevarse el subcampeonato: dos veces seguidas con Villa Clara, caracterizadas por estrepitosas sucumbidas ante Industriales (0-4 y 0-4) y ahora otra vez repite la historia de segundo lugar consecutivo.

Y es lógico, porque para ganar no solo hace falta talento, sino juicio, y algunos agregarían la suerte, por eso de que ciertos manager tienen ángel de ganadores, porque lo traen en las entrañas. Entonces le tocó a Víctor Mesa —que no parece tener el ángel en su destino— toparse con un Urquiola, que desde una posición modesta, suspicaz, estratégica…, sabe llevar a un equipo a la victoria sin tanta algazara, pavoneo…

Sin el guerrero Vladimir García, el oportuno Giorvis Duvergel en el tope final ni el experimentado Denis Laza, en calidad de refuerzos, venció Pinar de Río a unos cocodrilos, cuyo manager lanza tierra a la cara de árbitros, desborda cierto desequilibrio mental, y toda la sabiduría que ostenta la hunde con actitudes antideportivas. De qué le sirve tanto conocimiento, si a fin de cuentas, el terreno –dueño de la última palabra- lo deja sucumbir en la orilla.  

Así, los más creyentes alegan “Dios es justo” y los no tan creyentes simplemente comentan en las cuatro esquinas: “el que la hace la paga”. Llega el momento en que el destino es injusto con el conjunto de reptiles y la propia afición yumurina, porque ¿saben qué? Merecía ganar, le tocaba ganar, pero sucede que el mismo director que los llevo al olimpo, sin querer les abrió un abismo antes de llegar al trono.

Se acabó la serie, Pinar del Río campeón. ¡Enhorabuena! Pero el peligro aún acecha: ese es el manager del team Cuba.

                

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